Huyo...Para que la realidad no nos consuma (Carta II)
Dante, amor...
Quisiera nada más aprender a estar... No es que me haya ido, he huido, siempre lo hago, ya sabés. Tantas también fueron las veces que he regresado!
Quisiera nada más aprender a estar... No es que me haya ido, he huido, siempre lo hago, ya sabés. Tantas también fueron las veces que he regresado!
Ya sé, me vas a
preguntar que de qué huyo, a qué le huyo...(?) Siempre lo hacés, lo haces
dirías vos. Qué hermosos suenan los verbos al cruzar el charco! Aun oigo cuando
me hablás, resuena tu acento en mi cuando me pedís algo al oído. Sea al amanecer,
despertando entre tus manos o a la hora que no sepamos ya nada de horas,
sencillamente porque sabés que por lo que sea caigo dormida, embriagada de ti.
Aun en la
ausencia del ensueño siento como tus caricias resbalan por mi cuerpo, como tus
manos moldan mis curvas, y se entremezclan en mi centro...... como una fruta,
decís. Y me susurrás al oído cosas que no entiendo, que se mezclan a mis
desvaríos de estar dormida, de ser tocada.
Y mi cuerpo
responde sin que le ordene, nada más contesta al camino del tuyo, que más y más
se atreve sobre mi y que ya no controla el cuidado que le das a mi piel. Tan
suave, tan suave, oigo al oído, tan mía.......
Y abro los ojos
con cuidado, para que la luz no me encandile, y te veo por encima, mirándome
con ese deseo tan tuyo que te cubre, que me cubre y que sabe como
poseerme.
Añoro ese
despertar, no importa con quien me encuentre, no es, no sería lo mismo. Me dejo
llevar constantemente por esos últimos días juntos, en Albaicín. El día del
encuentro, cuando me llevaste a nuestro sitio, con aquella vista espectacular,
Ruta del azafrán, ya nos conocen por ahí. El vino........ Cuánto percibís de
mi, es increíble cómo me conocés, y hasta qué copa me podés esperar y desde
cual soy yo la que ya no deseo demorarme más.
Cómo caminamos
tan juntos sobre los pasos de la historia hasta llegar a la alcoba y entonces
volver a ser lo que hemos sido desde tanto y tanto tiempo que los años ya no
saben contar.
Y vuelvo a tus
manos, que no esperan a que me quite el vestido, lo levantás, me detenés contra
la pared de piedra fría, me agarrás la cintura con fuerza y me clavás tu vida,
tu vida en la mía, con fuerza, con vigor, dejando las huellas de tus dedos al
borde de cada mitad de mi cuerpo, sin pudor, sin cuidado, y resuena tu soplo detrás y
me tranquiliza saber que tienes algún dominio sobre mi vida, ya que yo no tengo
ninguno..... soy tuya, soy tuya y trago saliva pidiéndote más.
Eva.


Comentarios
Publicar un comentario