¿Dónde estuviste mañana... dónde estarás ayer? Carta I
Eva, amor…EvAmor….
Siempre
que te escribo a posta restante me pregunto ¿dónde dormirá la noche anterior a
tener esta carta entre sus dedos? ¿habrá dormido sola? ¿Leerá esta carta
después de desayunar en soledad, o de gozar en otros brazos recién despertada?
Me
da igual..no, me hiere pero te quiero igual. Te quiero y lo hago sinrazón y por
eso te quiero. Es el bucle donde he deseado perderme toda la vida… toda.
Hace
semanas que no te veo. Sabes que son meses aunque, los divido en semanas para
que parezca menos tiempo. Me encanta engañarme. Lo hago hasta la saciedad;
fíjate que incluso imagino que cuentas los días hasta nuestro próximo
encuentro… ¿dónde? Y, lo más importante ¿cuándo? Ese es nuestro secreto ¿verdad
amor?...cuando.
Te escribo con las manos enrojecidas. No, no
tengo heridas ni hinchazones. La dulce razón es que he pelado fruta con las
manos y he querido mantener su esencia en mí mientras te escribía –disculpa las
manchas, pero todavía me estoy relamiendo- . Sigo aquí, en la pensión del
Albaicín en la que durante tres días no tuvimos noches ni vimos el sol. Te quiero
y mi cuerpo también. Acabo de desayunar, pan caliente con tomate y aceite… y
fruta. Las uvas están dulces y me he recreado con cada grano en la boca. La
lengua los zarandeaba mientras con los dientes bocadito a bocadito los iba
pealando. Esto me ha llevado a tus pezones, no pequeños, duros y arrugados que
se tensaban entre el marfil de mis dientes mientras me acariciabas el pelo .
Claro, me he excitado y no he podido, ni he querido, evitar endurecerme… te
huelo. Entonces he seguido con la fruta y de ahí que tenga los dedos
enrojecidos: he agarrado un higo y lo he reventado con mi pulgar . Umm penetrarlo
ha sido como entrar en ti. Mi pulgar tenso, duro, firme y decidido ha penetrado
en su pulpa rojiza, fibrosa…. hasta el final. Después lo ha abierto con la
misma dulzura que tú abres las cortinas por la mañana y he deslizado mi lengua
por ambas mitades; primero toda y luego serpenteando con la punta de la lengua.
Como sé que te gusta. Era un higo precioso, granate, fresco, perfumado y muy
dulce, mucho. Te he notado aquí. Era a ti a quien comía y eras tú quien me daba
de comer…¡cómo te extraño! Cuánto más cerca te siento, más lejos te vas después.
Te amo.
¿Qué
haces?
Dante



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